La creación audiovisual como medio de integración juvenil

Son incontables las ocasiones en las que distinguidos cineastas reivindican que el cine sea una materia curricular en los programas docentes de colegios e institutos. Al igual que se estudia literatura, podría estudiarse no solo Historia del Cine, sino también la técnica cinematográfica. En los adolescentes con los que he podido trabajar, impartiendo talleres, he descubierto dos cosas: uno, les gusta ver series y películas (no tanto leer libros) y dos, aunque nunca se habían planteado el oficio de cineasta, cuando descubren que detrás de una película hay una persona, un autor que la idea, despierta en ellos el mismo entusiasmo que, como cuando uno no llega a levantar medio metro del suelo, sueña que, por qué no, de mayor puede ser astronauta.

 Por otro lado, quién no ha oído la frase “¡Qué largo es el libro, mejor me espero a que salga la película!”; o en el instituto mandaban leer La celestina y acudíamos en grupo al videoclub para alquilar la cinta (con un bote de cinco duros por cabeza) y en la casa de la abuela de nosequién montábamos un clandestino, improvisado  y desordenado cinefórum. Este modus operandi difiere del primitivo método de ojear páginas básicamente en la experiencia de consumo, y esto que parece obvio no lo es tanto, quiero decir, no es un simple cambio de medio, formato o plataforma, sino que el disfrute se hace colectivo. No es lo mismo la soledad de una habitación, con un libro que presientes inacabable, justo el día antes de que tengas que entregar una redacción sobre el mismo, que pasar hora y media o dos entre amigos y compañeros, compartiendo además del momento, posturas e impresiones que hará que la redacción sea más fácil (o que al profesor le parezcan todas demasiado similares).

Estas pequeñas anécdotas las traigo a colación precisamente por el hecho de que proponer actividades y experiencias en grupo aumenta la capacidad de aprendizaje y beneficia la integración social, tan necesaria sobre todo en la adolescencia. El vínculo que produce la creación audiovisual, desde la concepción de una historia,  el desarrollo del guion y sobre todo durante el tiempo de rodaje, sirve de nexo de unión entre distintos grupos sociales y de edad. Haciendo una analogía deportiva, encontramos que los deportes por equipos producen un vínculo de amistad mayor entre los participantes y compañeros que los deportes individuales.

Uno de los casos más recientes que he tenido de unión de grupo fue el año pasado, durante un taller de webseries que impartí en Aspe. Quince alumnos con la difícil edad de 14 y 15 años se me presentaban con muchas nociones sobre Youtube y los youtubers pero escasos conocimientos sobre series web.  A eso habría que añadir lo difícil de conseguir su atención en las explicaciones teóricas sobre el audiovisual en general y en concreto de las webseries. La solución: trabajo en equipo. En el momento que el grupo se puso manos a la obra para idear una historia, no solo se concentraron al máximo, sino que además pedían más horas de clase para ultimar las distintas versiones de las escaletas que iban confeccionando.

Una escaleta peculiar.

En cada nueva clase, los chicos comenzaban a estar más animados, ya tenían casi terminada la historia de su serie juvenil de misterio y tras las prácticas de iluminación, sonido y alguna que otra improvisada clase de interpretación, cada uno ya sabía que puesto le gustaría asumir en los días de rodaje. Finalmente los días de rodaje fueron cuatro. Los chicos y chicas tuvieron que asumir todos los roles, no solo técnicos sino también artísticos. En esos días, aprendieron las técnicas de grabación audiovisual, experimentaron el cansancio por la repetición de las tomas que no salían bien, el frío de diciembre en los rodajes en exterior, pero lo más importante es que aprendieron a sortear todas estas vicisitudes en grupo; en algunos de ellos se cultivó la amistad, en otros se reforzó e incluso surgió algún que otro amor.

El resultado fue una webserie de seis capítulos que estrenaron en el salón de actos del ayuntamiento de Aspe. En un primer momento aparecieron tímidos, pero una vez que los asistentes les hacían preguntas sobre como prepararon los papeles o como fue el proceso de grabación, los chicos y chicas tomaron la confianza que necesitaban y por un momento se sintieron protagonistas y satisfechos de un trabajo por el que los espectadores mostraban interés, que a los alumnos se les hacía necesario. En definitiva, se sintieron integrados en una sociedad que en ocasiones, creen que no les apoya.

Presentación webserie en El día más corto 2014.

He coincidido con alguno de ellos y un año después todavía me recuerdan lo bien que lo pasaron, o que siguen viendo una y otra vez la serie, a veces solos, a veces se vuelve a juntar el grupo para ver lo bueno que hicieron y reirse de sus fallos o de las veces que recuerdan que tuvieron que repetir las tomas y para mí lo más importante es que me preguntan ¿cuando habrá otro curso de webseries o de cortometrajes?. Yo me pregunto ¿cuántas veces le harán esta misma pregunta a su profesor de literatura?.

Juan Torres (publicado originalmente en www.lacamarapluma.es)

P.D: Debajo dejo una lista de reproducción con los seis capítulos de la webseries a la que titularon Vloggers. La webserie.

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